Entrevista a: Nicolás Javier Gil Zapata – Director Programa de Procesos de Fábrica de Cenicaña; Lina Arévalo Coordinadora de Sostenibilidad y Diversificación de Cenicaña
Descubra cómo la economía circular transforma la caña de azúcar en una fuente de energía, fertilizantes e innovación sostenible para el agro colombiano. Además, el aprovechamiento de la caña impulsa al sector hacia nuevos modelos de negocio, energías renovables y soluciones sostenibles para el agro.
Desde el cultivo hasta la industrialización, la agroindustria de la caña ofrece una valiosa oportunidad para cuidar la tierra, optimizar sus recursos y retribuirle lo que nos ha dado. Este modelo de trabajo, forjado a lo largo de 150 años de experiencia, se basa en un profundo respeto por el campo. Nuestro compromiso con la mejora continua se impulsa con la ciencia, fortalecida por la tecnología y la innovación.

¿Qué es la economía circular en la agroindustria de la caña?
Significa transformar lo que antes se desechaba en nuevas oportunidades, es decir no desperdiciar nada todo se aprovecha. Hoy, los residuos que deja el cultivo o el proceso industrial se convierten en energía, en abono o en insumos que vuelven a poner en marcha otros procesos productivos.
Y todo empieza en la tierra. Allí, prácticas como la cosecha en verde han tomado fuerza. No solo se evita la quema: también se protege la estructura del suelo y se aprovechan residuos agrícolas, como el cogollo, las hojas o el rastrojo, que antes se descartaban. Hoy, estos materiales regresan a la tierra o se convierten en compost, devolviendo los nutrientes que la planta tomó para crecer.
Así, la circularidad se siembra desde la raíz: con decisiones pequeñas, pero con impacto duradero.
Aprovechar cada recurso, multiplicar valor
Después de la cosecha, la transformación continúa. El bagazo de caña, esa fibra que queda tras la molienda, se convierte en electricidad. Cada año, más de 1,760 GWh generados con biomasa cubren buena parte del consumo energético de los ingenios y alimentan también a la red nacional, con cerca de 788GWh. Energía adentro y afuera porque no solo se procesa azúcar, también se genera energía limpia.
Y no se queda ahí. Subproductos como la vinaza y la cachaza se aprovechan principalmente en campo mediante aplicaciones controladas, compostajes y mejoradores de suelo. En muchos casos, estos fertilizantes ya se comercializan, permitiendo que el ciclo de nutrientes se cierre de forma responsable y rentable. En el sector, junto con Cenicaña, se han adelantado importantes avances en la investigación y evaluación del potencial de estos subproductos para la producción de biogás y otros productos de valor agrícola. Además, se exploran rutas de futuro como la producción de combustibles sostenibles para aviación (SAF) e hidrógeno verde, que podrían ampliar el papel de la caña de azúcar en la transición energética y fortalecer las oportunidades que ofrece la economía circular.
Incluso las cenizas, que antes terminaban en rellenos, hoy se usan para fabricar concretos verdes y se exploran en el desarrollo de biocompuestos que pueden reemplazar al icopor. Porque cuando hay visión y voluntad, hasta lo que parecía inútil puede convertirse en innovación.
Así, lo que antes era un residuo, ahora es un recurso. Y cada eslabón del proceso suma valor.
Innovación con propósito
Desde el cultivo, los agricultores han sido los protagonistas de la economía circular: incorporan los residuos de cosecha, mejoran las prácticas para reducir la compactación del suelo, ajustan sus implementos para hacer más eficientes las labores y adoptan enfoques como la agricultura sostenible, regenerativa y el uso de control biológico de plagas. Este trabajo empieza en la tierra, desde el mismo momento en que la caña captura CO2 y libera oxígeno, y continúa con cada decisión que toma el productor para cerrar ciclos, proteger el suelo y fortalecer la productividad.
Esta mezcla de conocimiento del campo, la agroindustria y la ciencia aplicada, impulsa al sector a ser más eficiente, más competitivo y completamente alineado con la sostenibilidad del territorio.
Desde Procaña, seguiremos cultivando esta transformación. Porque la sostenibilidad no es una meta estática: es un camino que se recorre con ciencia, con manos campesinas y con una visión de futuro que nunca deja de renovarse.


























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